Para muchos, Salento es sinónimo de turismo, colores y palmas de cera. Para nosotros, es el suelo sagrado donde nace nuestra identidad.
Ubicado en el corazón del Paisaje Cultural Cafetero, este municipio del Quindío nos regala condiciones geográficas únicas que definen el perfil de Noventa Grados.
La Altura lo Cambia Todo Cultivamos a 1.640 metros sobre el nivel del mar (msnm). A esta altitud, las temperaturas bajan, especialmente en la noche.
Esto hace que el metabolismo de la planta sea más lento, permitiendo que el grano de café se desarrolle con calma. Esta maduración lenta es crucial: da tiempo a que la cereza concentre más azúcares y desarrolle una densidad física mayor.
"La montaña imprime su carácter en el grano. La niebla, el suelo volcánico y el frío de la noche son los verdaderos autores de nuestro sabor."
El Perfil de la Montaña El resultado de cultivar nuestra variedad Castillo en estas condiciones es una taza de alta complejidad.
No es un café plano; es un café con una acidez brillante (como morder una fruta fresca) y un dulzor residual a caña de azúcar que perdura.
Al beber una taza de Noventa Grados, no solo consumes una bebida; estás viajando sensorialmente a la cordillera central de Colombia.